10.9.08

La invención de la servilleta

El amor de Da Vinci por la ciencia y las artes no es ningún secreto, pero su dedicación a la gastronomía es un bastante menos popular. El barbudo inventó artilugios para cocinar, hizo un estudio sobre conducta en la mesa e incursionó en la nouvelle cuisine (sí pequeños esnobs, el término ya había sido usado mucho antes). Para saber sobre todo esto y familiarizarse con la forma correcta de sentar un asesino a su mesa, por favor seguir leyendo.

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No se sabe si Leonardo Da Vinci se aficionó a la cocina por el lado de la ciencia o por el del arte, aunque bien pudo haber sido por ambos. Ni siquiera se sabe con total seguridad que todos los escritos sobre asuntos culinarios que llevan su nombre sean obra suya. Se dice que escribió el “Codex Romanoff”, un texto en clave literaria sobre el tema... pero el paradero de dicho "código" todavía es un misterio. Más fácil resulta confiar en los expertos que aseguran que los textos encontrados son de su autoría, basados en que sólo Da Vinci pudo ser capaz de tratar los asuntos gatronómicos de forma tan coherente con la época y con esa personalidad tan suya. Así, Shelagh y Jonathan Routh compilaron Notas de cocina de Leonardo da Vinci (1987).

Antes de proseguir, un poco de historia. Saciados de los gigantescos banquetes medievales, los florentinos inventaron en el siglo XVI y transmitieron una cordura hasta entonces desconocidos en las cocinas de Europa Occidental. Reemplazaron la mezcla de carnes y las mil especias por tenedores, cristales y porcelanas. En Italia esta futura tradición estuvo asociada a los Médicis, sobre todo a Catalina, famosa por su dedicación a las artes y el buen gusto; la fama de sus banquetes en el parisino Palacio de Fontainebleau demostró la gran acogida dada por Francia a la nueva gastronomía de la que Leonardo Da Vinci también fue parte.

El polifacético genio del Renacimiento no sólo inventó la servilleta, movido por un profundo asco ante los manteles sucios de su señor Ludovico, sino también todo tipo de artefactos para optimizar el trabajo en la cocina. Dejó como herencia picadoras de carne, extractores de humo y extintores. Por desgracia quedaron en el tintero varias máquinas por falta de electricidad: para desplumar patos, prensar ovejas y cortar cerdos en taquitos.


Bajo los mecenazgos escribió el “Codex Romanoff”, que incluye notas de cocina, ideas sueltas, reglas de modales y recetas a la antigua, más parecidas a cuentos que a fórmulas matemáticas: “Conejo muerto. Despellejad y destripad un conejo muerto que luego colocaréis en un alto espetón para que se ase con lentitud; y cuando creáis que está completamente muerto, rociad sobre él un poco de sal y pimienta y servidlo con una polenta medianamente espesa”.

Entre todas las curiosas anotaciones, merece una mención aparte la manera de sentar a un asesino a la mesa: “Si hay un asesino planeado para la comida, entonces lo más decoroso es que el asesino tome asiento junto a aquel que será el objeto de su arte (y que se sitúe a la izquierda o a la derecha de esta persona dependerá del método del asesino), pues de esta forma no interrumpirá tanto la conversación si la realización de este hecho se limita a una zona pequeña (…) Después que el cadáver (y las manchas de sangre, de haberlas) haya sido retirado por los servidores, es costumbre que el asesino también se retire de la mesa, pues su presencia en ocasiones puede perturbar las digestiones de las personas que se encuentren sentadas a su lado, y en este punto un buen anfitrión tendrá siempre un nuevo invitado, quien habrá esperado fuera, dispuesto a sentarse a la mesa en ese momento”. Asunto fácil.

1 comentario:

Soledad Delgado dijo...

Resulta que como soy más cegatona que un topo.... para poder usar Lentes de Sol... debería mandar a hacerlos para un piticiego....

Como son un poco caros, y hoy por hoy me ecnuentro ahorrando todo para mi gran viaje gran, simplemente no puedo usarlos.

La foto es solo eso... la foto.